De lo estándar a lo excelente

En la anterior columna señalábamos que las habilidades principales para ser un buen árbitro son el equilibrio emocional, el sentido común, y el respeto. Pero, ¿cómo distingue a un árbitro estándar de un árbitro excelente?

Por dos aspectos claros. El primero, por la capacidad de adaptarse al partido y a su entorno; y el segundo, por anticiparse a situaciones de juego. Razonemos en ese orden.
En primer lugar, cada torneo, cada partido -y cada entorno-, son únicos, variables, dinámicos, cambiantes e irrepetibles.
Cada partido, para quienes lo juegan, es una final.
Respetar ese concepto para el árbitro es básico; pero la capacidad de adaptación hace la diferencia. No hay mejores ni peores torneos; hay torneos diferentes, donde confluyen un sinfín de variables, tales como edad, divisional, equipos, cancha, horario, instancia del torneo, etc.
De modo, pues, que un árbitro de excelencia será aquel que tenga la capacidad de adaptación para arbitrar –con el mismo respeto- un sábado de noche una final de Liga con miles de espectadores y el domingo de mañana un partido de Formativas con un puñado de padres.
El segundo concepto que distingue a un buen árbitro de un árbitro de excelencia es la capacidad de anticiparse a situaciones problemáticas que se puedan ocasionar.
Para ello es imprescindible una adecuada preparación del partido en la charla previa entre los integrantes del equipo arbitral y hacer el diagnóstico e identificación de los aspectos problemáticos que se puedan presentar: por ejemplo, juego sobre la pelota y más allá de la pelota, criterios ante los diferentes tipos de defensa, aplicación del principio ventaja-desventaja, disciplina y control del juego. Los pequeños detalles hacen las grandes diferencias.

Por qué el árbitro debe adaptarse a cada partido?

Porque cada partido es diferente a otro, y a su vez, cada partido es dinámico y cambiante, y allí está la habilidad que mencionaba anteriormente sobre la capacidad de adaptación que debe tener un árbitro excelente: anticiparse, leer y entender el juego. Veamos un ejemplo.
Si un juego comenzó con una marcación en zona, abierta y con tiros perimetrales, y sobre el final del partido cambian los sistemas para pasar a una marcación presión-hombre en toda la cancha, el árbitro deberá hacer consistentemente un ajuste –o “switch”- y juzgar de acuerdo al momento del partido.
Muchas veces se cree equivocadamente que el árbitro ‘cambió el criterio’, cuando en realidad lo que cambió fue el partido y los sistemas tácticos planteados por los Entrenadores. La clave es adaptarse al partido pero mantener la consistencia en el criterio.

¿Qué es más importante, la condición física o la capacidad técnica del árbitro?

Ambas, y son indivisibles.
Un árbitro de primer nivel debe estar siempre en un adecuado estado físico. Como decía en la columna pasada, todo ello está implícito en el concepto de ´respeto’ que el árbitro debe brindar.
El ‘ser árbitro’ implica una forma de vida adentro y afuera de la cancha los 365 días del año, 24 horas por día; no hay árbitros ‘part-time’.
El estar en un adecuado estado físico implica respeto hacia la función, hacia los actores y espectadores, pero también es una condición previa y necesaria para demostrar actitud, aptitud y capacidad sobresaliente. La velocidad y dinamismo del juego imponen –como regla- que el árbitro debe estar en el lugar preciso en el momento necesario para tomar la mejor decisión.

Las recomendaciones FIBA

La primera, es la empatía, lo cual debe distinguirse claramente de la compensación. El árbitro debe ser muy profesional en su rol.
Debe tratar de entender las situaciones de los otros actores, pero debe ser firme, serio, profesional, respetuoso, saber escuchar, comprender, y ser eficaz y eficiente en la toma justa de decisiones.
Debe convivir con el error, pero debe trabajar intensamente para minimizarlo, teniendo la autocrítica y la humildad necesaria para superarse, tener éxito y no sentirse fracasado.

Como decía Michael Jordán: “puedo aceptar el fracaso, pero no puedo aceptar no intentarlo”. Está en cada uno querer aceptar el intento…

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