Los JJOO – el Deporte Uruguayo – La gestión

Un triunvirato necesario para obtener resultados deportivos, acciones sociales y planes de futuro. Cuando se critican estas letras, es señal que llegamos, la pena es que en vez de preocuparse por las palabras, estas deberían de entenderse y establecer puntos de encuentro, con una discusión fermental que permita proyectar al deporte uruguayo.

Que nuestro equipo olímpico no obtenga ni un podio, es preocupante, no por el resultado, sino por la inexistente proyección del deporte uruguayo. En estas líneas siempre intentamos identificar el proceso deportivo a través de la profesionalización y la planificación estratégica de las instituciones deportivas, asociaciones o federaciones. Practicando ese mismo estilo y concepto, hemos de entender el por qué de nuestras actuaciones olímpicas. Uruguay participa en las olimpíadas desde 1924, han sido veintiuna presentaciones con esta de Río 2016.

El medallero uruguayo en estos 92 años de competencia olímpica fue de 10 medallas. Las mismas se desglosan: 2 en Fútbol, 2 en Basquetbol, 4 en Remo, 1 en Boxeo y 1 en Ciclismo. Hace 16 años que se ganó la última medalla y 52 años que se obtuvo la penúltima, las restantes quedan fuera del calendario. Con estas cifras, estos palmares, nadie analiza y piensa en el deporte uruguayo, exceptuando el fútbol y el basquetbol. Aquellos que son parte del deporte y participan en los comités olímpicos, asociaciones, etcétera etcétera con estos números, pueden perfectamente “darse cuenta” que su actuación ha sido y es deficitaria.

Hoy hablamos de la proeza que hizo el excelente deportista Emiliano Lasa, llegando sexto en una disciplina deportiva, siendo la mejor ubicación del Uruguay en su historia, 21 olimpíadas y 92 años. Si a lo largo de estas nueve décadas, las marcas, las competencias, se hubieran ido superando, se entendería el proceso evolutivo, sin embargo la posición deportiva olímpica del Uruguay es inexistente. Abrazarse a la frase: “lo importante es competir”, ni siquiera eso, porque nuestros deportistas, carecen de una enorme cantidad de elementos y eso los hace vulnerables frente al resto.

Pensar solo en “dinero” diría que es un error, hay mucho más: logística, apoyo psicológico, presencia, profesionalismo, planificación a un plazo “x” en la línea del tiempo. Solo basta con ver la pobreza de planificación que hay, en todo el territorio uruguayo, para apoyar a las diferentes disciplinas deportivas que el mundo olímpico presenta. ¿Acaso Uruguay no puede tener más velocistas, nadadores, gimnastas y todo lo demás? El biotipo del deportistas uruguayo es excelente, por lo tanto el problema no lo tenemos en nuestra gente, más bien está en cómo los organizamos, los descubrimos, los ayudamos y los potenciamos.

Que un estado, a través de un comité olímpico invierta en logística deportiva para potenciar a sus deportistas, no está malgastando fondos, está directamente colaborando con la sociedad. Varios flagelos sociales que corroen a los jóvenes, pueden ser enfrentados mediante el deporte. Este concepto no es invento de quien escribe, sino una definición internacional de quienes han descubierto que, el deporte, es una gran medicina social. Por lo tanto, políticas de estado llevadas al deporte, son parte de un accionar social.

¿Quiénes deberían entonces ver esto?
Todos aquellos que están alrededor del deporte, dirigentes, integrantes de comités deportivos y esa parafernalia de “dirección” que se regocija en el entrono del deporte y el deportistas y que en el plano de la acción son ineficientes.
Pistas, piscinas olímpicas, becas deportivas, plan integral de deporte en todo el Uruguay, búsqueda de apoyo internacional con fondos no reintegrables, que los hay, un plan de concientización nacional para desarrollar a los niños y el deporte como binomio para la vida. No puede ser que los deportistas uruguayos vivan de la beneficencia o de un mecenazgo circunstancial. Debemos darles las soluciones y que ellos se dediquen a avanzar en sus disciplinas.

Hay cosas para hacer, hay otras que se han hecho en un abanico de acciones no programadas en un plan. Solo resta poner a las personas indicadas, darse cuenta que los procesos no pueden ser monárquicos, que los cambios deben de darse y que: “los hombres pasan y las Instituciones quedan”

Por reglas generales mantengo esta filosofía: “Las grandes mentes discuten las ideas” “Las mentes promedio, discuten los eventos” “Las mentes inferiores, discuten a las personas” No obstante, es importante comenzar a presentar ideas, con eventos realizables y con personas adecuadas en lo generacional y profesional. Caso contrario, seguirán pasando los años y este pequeño país territorial, pero con deportistas natos, continuará en el ostracismo y en una discusión que no tiene sentido ni lógica.

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