Hablar de Horacio "Tato" López, es para todos los que como yo somos menores de 35 años, hablar del mejor jugador que tuvimos la oportunidad de ver en las canchas uruguayas. Cuando desde la NBA, nos llega tan seguido el concepto de jugador franquicia, podemos decir con absoluta certeza que "Tato" era eso en Uruguay.
Un "jugador orquesta" un tipo que jugaba las cinco posiciones, que entendía el juego y que se lo tomaba con una seriedad asombrosa. Dominaba el balón como pocos, anotaba a distancia o bajo el aro, asistía a sus compañeros y siempre jugaba al cien por ciento.
Un profesional que cosechó éxitos en todo el mundo y que sólo el tiempo le ha dado la dimensión que merece.
Sus inicios
Horacio "Tato" López nació 22 de enero de 1961 en Montevideo. De pequeño vivió en el barrio La Blanqueada y asistió al Colegio Crandon (lugar al que "Tato" da importancia debido a su buen plan de deportes)
A la edad de 15 años se acercó al club Bohemios gracias a la sugerencia de un primo. Sin embargo, no siempre estuvo relacionado al básquetbol. En sus comienzos practicó con éxito el ping pong.
Mientras pasaba tardes enteras en el club de la calle Gabriel Pereyra, su altura hizo que Horacio Gava le convenciese de practicar baloncesto. Pero fue Ruben Bulla, su verdadero maestro. De su mano, "Tato" no sólo aprendió fundamentos sino que incorporó una serie de códigos y un respeto hacia el deporte que lo distinguió a lo largo de toda su carrera.
El Debut
A los 15 años, el adolecente que tenía como ídolo al "Chumbo" Arrestia, debutó en Primera División y en 1977 fue nombrado la "Revelación deportiva del año". Es que en febrero, y con apenas 16 años, ya había participado en el Sudamericano de mayores en Chile, logrando el vicecampeonato y siendo obviamente el jugador más joven del torneo.
Siguió participando con la celeste y su progreso le llevó a obtener una beca de seis meses en la Universidad de Quincy College Naia de los Estados Unidos. Esta y su posterior experiencia en Hutchinson Junior College le posibilitaron aprender el idioma inglés, y tomar una serie de cursos interesantes (alcoholismo, adicciones, política) que le permitieron abrir su mente y crecer intelectualmente.
Además "Tato" pudo estar más cerca del profesionalismo. A su vuelta, Horacio comenzó a ser considerado "polémico" al declarar que el básquetbol era un deporte de gimnasio (por ese entonces las canchas abiertas eran enorme mayoría en Uruguay) o solicitar a un entrenador que apagase su cigarrillo durante un minuto de tiempo.
Goleador internacional
Después de su primera experiencia en Estados Unidos, López defendió la celeste en el Sudamericano Juvenil de 1979, donde fue goleador de un torneo en el que Uruguay terminó segundo y clasificó al mundial de la categoría.
En Brasil, uno meses más tarde, "Tato" demostró que su potencial ofensivo era digno de la elite mundial. Se coronó goleador del torneo Mundial Juvenil, promediando 33 puntos por juego.
La beca en Hutchinson Junior College le permitió no sólo adquirir nuevos fundamentos técnicos sino incluso ir a jugar a Sarajevo (Europa) con un combinado universitario.
Campeón Sudamericano
A su regreso, Horacio vivió una de sus mayores alegrías con la celeste. En agosto del 81, y con un Cilindro repleto de bote a bote, Uruguay se coronaba Campeón Sudamericano venciendo en la final a la Argentina. Esta vez, "Tato" no fue el máximo goleador del certamen pese a promediar 17 puntos por juego, pero fue el máximo rebotero (9,9) dando así una muestra más de su polivalencia. El quinteto formado por Peinado, López, Ruiz, Nuñez y Larrosa ya comenzaba a hacer historia.
El primer éxito con Bohemios
Ese mismo año, López logró por fin el título con Bohemios. Mejor jugador del torneo y un promedio de 31.7 puntos por juego fueron corolarios del éxito.
A la distancia, ese equipo era tremendo. Nombres como los de Carlos Peinado, Walter Pagani, Larry Petit (para muchos de los mejores extranjeros que pisaron el Uruguay) o los por entonces jóvenes Julio Pereyra y Luis Pierri destacaban en un plantel que también incluía a Daniel Vanett, "Finito" Guerra, Fabio Otonello y Ramiro Aldescosea. El equipo dirigido por Omar Ayala ganó 32 de los 33 juegos posibles y además se llevó la Liguilla de ese año.
1982 el año para el olvido
Al año siguiente y pese a ser nombrado el mejor jugador del torneo, López no pudo repetir el título con Bohemios perdiendo en recordada final ante Peñarol.
Sin embargo, el revés deportivo no fue el que marcó ese año como el peor de su carrera.
López, militante de izquierda, había adquirido de su paso por Estados Unidos otra forma de ver el mundo. La dictadura uruguaya lo tenía en la mira.
Tampoco "Tato" fue muy inteligente en esos momentos. En el ambiente basquetbolístico era conocido el hecho de que fumaba hierba junto a otros jugadores extranjeros. Bastó simplemente que le realizasen un seguimiento (extenso eso si y que puede leerse en "La Vereda del Destino") y que le detuvieran con una piedra de marihuana. El golpe mediático fue enorme, en un proceso por demás irregular, la estrella del baloncesto uruguayo fue procesado por tráfico y recluido en el hospital Psiaquiátrico Vilardebó.
Con el tiempo "Tato" contaría que lo peor no fue el tiempo de reclusión sino ver como mucha gente le miraba como un enfermo y se apartaba de su lado.
Sin embargo, el hombre que antes ya había sufrido el duro golpe económico de la "tablita" salió adelante y volvió a las canchas.
La revancha de 1983
Bohemios volvió a comandar el torneo local en 1983. Don Oscar Avero, titulaba noche a noche en El Diario frases como estas: "Un lujo ver a Tato por $20" o "Antes veíamos al Oscar ahora vemos al Tato". El equipo, ya sin Carlos Peinado, era ahora dirigido por Víctor Hugo Beardi, Peñarol y Nacional parecían estar mejor armados, pero tener a "Tato" (33 puntos y 13 rebotes) era algo extra.
El título era una revancha para un "Tato", que ese mismo año se consagraría como mejor jugador del torneo y goleador del Sudamericano de San José Dos Campos- Brasil.
Y llegó 1984 …
1984 fue sin dudas el mejor año de la carrera de Tato. Sexto puesto en las Olimpíadas con Uruguay, goleador del torneo olímpico (igualó así a Lombardo y Moglia) y nominado entre los doce mejores jugadores del mundo.
Horacio López era noticia. Sus declaraciones al terminar los encuentros en Los Ángeles eran seguidas con atención por un buen número de periodistas (y eso que no se puso su remera que decía "Yankees fuera de Nicaragua")
El equipo dirigido por "Pirulo" Etchamendy le había terminado de catapultar a fama internacional y era cuestión de tiempo para que "Tato" dejara nuestro país.
A nivel local, obtuvo el bicampeonato con un Bohemios al que se había unido Marcelo Sánchez.
Su paso a Italia.
En 1985, cuando Sporting había anunciado su fichaje, "Tato" emigró a Italia para enrolarse al Mobil Girgi de la ciudad de Caserto.
La ciudad ubicada al sur de Italia, era pequeña (60.000 habitantes) y en la misma "Tato" compartió equipo con el brasileño Oscar.
Este hecho forzó a que el uruguayo fuese la segunda opción ofensiva del equipo (pues bola que pasaba por Oscar, bola que iba al aro) pero pese a ello se las arregló para promediar 17,7 puntos y 7 rebotes.
El equipo culminó en segunda posición en el campeonato perdiendo la final en tres juegos. A nivel continental, se llegó a la final de la Copa Korac (algo así como la UEFA del fútbol).
Si bien faltó un título, "Tato" tuvo un gran reconocimiento en tierras italianas y muchas anécdotas.
Además pudo codearse con los mejores. En el video vemos como Jordan, quien estaba de visita en Italia salta por la humanidad de Tato, rompe el aro y ver como las astillas cortaban las muñecas del uruguayo. Tato ya había marcado a MJ en Los Ángeles.
Un paso en falso
En 1986, el Mundial de España no le encontró en su mejor momento. En el debut con Israel, "Tato" falló la canasta decisiva y esto le condicionó a tal punto que pidió para no jugar más en el equipo. Si bien participó unos minutos en el juego siguiente con Australia, Etchamendy decidió excluirlo del certamen pues el jugador no se encontraba en su mejor momento anímico. López se recuperó del traspie y completó otra buena temporada en Italia.
Su llegada a la Argentina
En 1987, Horacio firmó con Ferrocarril Oeste de la Argentina. Con el equipo de Caballito obtuvo el Sudamericano de Clubes de 1987 siendo goleador y mejor jugador del torneo.
A nivel local, obtuvo el vicecampeonato en la Liga Argentina siendo además del goleador el mejor extranjero e la competición.
Aún hoy, los foros de internet, lo nombran como uno de los cinco mejores extranjeros blancos de la historia de la competencia.
Después de un breve pasaje por Bohemios en donde ganó una liguilla, Tato volvió a la vecina orilla para enrolarse por 10 encuentros en Olimpo de Bahía Blanca.
En Brasil
En 1988, llegó al Ravelli Franca. Dirigido por Helio Rubens, "Tato" fue ídolo máximo de la torcida, siendo campeón y goleador de los dos torneos que disputó. Además fue nominado como el mejor jugador extranjero de la temporada brasileña de 1988.
El regreso a Uruguay
En pleno apogeo de su carrera y con 28 años, Tato volvió a Uruguay. Neptuno le fue a buscar y permaneció tres temporadas con los del tridente. Integró buenos equipos (uno con Granger, Fefo y Larrosa, recuerdo), siempre fue el goleador del Federal, pero sucumbió primero ante Biguá y luego ante Cordón. Su único logro fue una liguilla, la cual le permitió llegar al Sudamericano de clubes de Franca, Brasil en el que fue goleador del torneo.
A nivel de Selección volvió a brillar en el Sudamericano de Valencia, Venezuela, donde pese a que Uruguay no subió al podio, fue goleador y mejor jugador del torneo.
Su despedida internacional
En 1992 disputó el torneo Preolímpico de Portland, famoso por ser el debut del primer e inigualable "Dream Team". Fue su último torneo con la selección. Uruguay no tuvo un desempeño, pero "Tato" se dio el gusto de lograr su último galardón individual con la celeste. Fue goleador en promedio del torneo con 34 puntos por juego además de que obtuvo el mejor porcentaje de tiro de tres puntos.
Sus últimos años como basquetbolista
Volvió a Argentina siendo elegido nuevamente el mejor extranjero de la Liga jugando nuevamente para Ferro.
En 1993 se dio un hecho que pocos recuerden. Disputó el federal de 2º de Ascenso defendiendo a Welcome. Ese equipo había hecho una gran inversión para ascender contratando además a Moglia, Trigo y Glenn. Welcome ascendió aunque "Tato" no disputó los últimos encuentros, pese a eso fue el goleador del torneo.
Tras un breve y poco feliz pasaje por Echagüe de Paraná retornó a Neptuno para ser goleador del torneo.
El Federal le seguía siendo esquivo, por lo que ficho por Aguada que armó un buen equipo buscando el tan ansiado campeonato. Dirigido por Ramiro De León y en compañía de jugadores como Alles, Steve Phyfe o Luis Pierri se quedó en las puertas del éxito dos temporadas consecutivas.
Pese a que "Tato" hacía de todo y todo bien, siempre pasaba algo para no coronarse campeón. Quizás esto fue una de las causas que le motivo, a los 36 años y cuando todavía podía jugar tranquilamente cuatro o cinco años más, a retirarse.
El viaje
Se despidió del básquetbol y comenzó un viaje de mochilero que fue digno de escribir un libro. De hecho, ese libro existe y se llama "La vereda del destino". Anécdotas tales como las dificultades para conseguir calzado en la India o el partido que jugó con los monjes tibetanos haciéndose pasar por ignoto basquetbolista, hacen que valga la pena leerlo.
Al tiempo retornó a Uruguay y retomó algunas actividades. Dirigió una escuelita de básquetbol en Aguada, participó del Proyecto "Operación Altura", se vinculó a la FUBB y apoyó la llegada del "Ché" García.
Le trasmitió a muchos jugadores sus conocimientos y sus exigencias (está siempre presente la anécdota del día que hizo llorar a Batista) y un buen día se desvinculó de la Federación por diferencias con Ney Castillo.
Toca el tambor en una comparsa, se le ha visto jugar al fútbol en algún beneficio, participó del Turismo Aventura, opina de temas del acontecer nacional e incluso incursionó con éxito en el periodismo deportivo.
Cambió bastante físicamente, a tal punto que a los italianos les costó reconocerle en un reciente homenaje, e incluso algunos lo señalan como el doble del actor Kevin Spacey.
Está ahí, de vez en cuando se le hace una nota y cada vez que habla da la sensación que la tiene bastante clara y que debería estar más vinculado a un básquetbol al que se refire así:
"Fue la pasión de mi vida durante muchos años, Yo siempre digo que no solo jugué basquetbol, sino que viví basquetbol. No solo fue un deporte, fue un arte. Así lo sentí."
Es Horacio López, es el jugador que imantaba miradas con su magia. Es el mejor jugador que yo vi, suficiente para dedicarle esta MARCA.