Como él merecía

Kobe Bryant tuvo un final de carrera soñado, acorde a lo que fue su carrera durante estos 20 años. El escolta lideró a su equipo a una victoria sobre Utah Jazz en cifras de 10196 (5) con una performance memorable en la que anotó 60 puntos.

Desde la primera jugada se notó que el objetivo del conjunto de los Lakers era que Kobe manejara las ofensivas del equipo a su gusto. El arranque no fue bueno pero con el paso de los minutos llegó el momento esperado: tapa en un aro y primeros puntos en el otro. De ahí en adelante, anotó 13 puntos seguidos, finalizando el primer chico con 15. En el arranque del segundo cuarto tuvo su único descanso de la noche (sí, leyó bien, a sus 37 años jugó 42 minutos y no salió en todo el segundo tiempo), volviendo a la cancha con 6:13 por jugar en los cuales convirtió 7 tantos, finalizando esa mitad con 22 en su cuenta personal y con su equipo debajo en el marcador 42-57.

En el tercer cuarto, la “Mamba Negra” siguió monopolizando las ofensivas de su equipo y sumó 15 unidades, totalizando 37. Cuando todos esperaban que Kobe no saltara a la cancha de arranque en el último y se quedara descansando para los minutos finales, el número 24 dialogó con su entrenador Scott, le dijo que estaba bien y se mantuvo en cancha. Y lo bien que hizo porque tenía un guardado un as bajó la manga, un último ataque de la serpiente. Se acercaba el final de una carrera de 20 años en ese mismísimo Staples Center, la desventaja era de 10 puntos (84-94) y Kobe decidió transformar los últimos 3:05 en gloriosos, inolvidables tanto para quienes estuvieron en la cancha como para los que lo vieron desde su casa. Primero superó la barrera de los 50 puntos (reto que le había impuesto su ex compañero Shaquille O’Neal) pero no conforme con eso, Kobe aprovechó la muñeca caliente y siguió de largo. A Utah se le cerró el aro, perdió muchas pelotas y la diferencia era cada vez menor. Con un minuto por jugar, un triple de Bryant, digno de él, con la marca encima y saltando para el costado, acortó la brecha a 1 (95-96). El técnico de Utah pidió minuto de tiempo. La imagen lógicamente se queda con el número 24 que se mostraba exhausto, boqueando, lo que agrandó aún más su figura. Luego del mismo, el Jazz volvió a fallar y todo el planeta sabía que se venía la definición en manos de él. Y no defraudó. Clavó los frenos a seis metros del aro y la mandó a guardar para el delirio de todos. 58 puntos y su equipo al frente en su último partido. Pero eso no era suficiente para él. Luego de un nuevo intento fallido de los Jazz, los Lakers inteligentemente llevaron la pelota a sus manos para que fuera cortado. Y en la línea no falló, encestó ambos libres. Y no fueron dos libres cualquiera, le permitieron llegar a 60 en su cuenta personal y establecer la marca más alta de la temporada (superando los 59 de Anthony Davis). Además, se convirtió en el jugador con mayor cantidad de partidos en su último partido, el de mayor edad en convertir 60 puntos y el más viejo en anotar 50 tras Michael Jordan en 2001. En la última jugada, lanzó un pase de cancha a cancha para que Clarkson con una volcada asegurara el triunfo. Kobe, consciente de esto, golpeaba su pecho. Misión cumplida.

Fue una noche épica, que ningún director de Hollywood nunca hubiera imaginado. Kobe se despidió a lo grande, como él y su carrera lo merecían. Se retira el jugador que más se pareció a Michael Jordan acorde a quienes tuvieron la posibilidad de ver a ambos. Para los que no, para las generaciones más jóvenes, se retira el jugador que marcó a todos aquellos que aman este deporte con su mentalidad ganadora y su instinto asesino.

Cinco anillos de campeón (2000, 2001, 2002, 2009, 2010), 1 título de MVP (2008), 2 premios de MVP en finales (2009, 2010), 18 participaciones en el All Star Game y cuatro MVP’s en el mismo, 2 medallas de oro en los Juegos Olímpicos (2008, 2012), la segunda mejor performance individual de la historia (81 puntos) y tercer máximo goleador en la historia de la NBA.

En la noche del 13 de abril de 2016, comenzó la leyenda.