Bienvenidos a creer

El 2017 fue un año de transición para la selección uruguaya de básquetbol, con resultados positivos, valores jóvenes que tuvieron minutos, el reencuentro con el público y un proceso que parece haber comenzado a fundar las bases.

La selección uruguaya de básquetbol transitó un año en el que tuvo competencia internacional importante, recibiendo tanto a la AmeriCup como a la primera ventana eliminatoria.

El balance en cuanto a resultados fue más que positivo, con 4 triunfos en 5 partidos disputados, no logrando avanzar a la siguiente ronda en la AmeriCup simplemente porque en un absurdo reglamentario, solamente el primero clasificaba y justamente terminó siendo el campeón, Estados Unidos.

Más allá de resultados, hay muchos aspectos a analizar en este 2017, donde la selección transitó por un proceso de recambio, palabra clave al momento de asumir Marcelo Signorelli como Jefe de las selecciones nacionales.

Lugar para los jóvenes

Dicho recambio generacional, al cual apuntó Signorelli desde que asumió al frente de la selección, tuvo su punto de partida en abril del 2016, donde mediante la modalidad de grupos abiertos, se trabajó con varios jóvenes de diferentes edades, todos sub 23.

Dentro de ese grupo comenzaron a trabajar jugadores como Mauro Zubiaurre, Salvador Zanotta, Gonzalo Iglesias, Hernando Cáceres, Federico Pereiras, Emiliano Serres y Juan Ignacio Ducasse entre otros, donde desde el comienzo, el entrenador trabajó conceptos que pretendía imponer para la selección.

Estos chicos, tuvieron lugar tanto en la AmeriCup como en las primera ventana de las Clasificatorias rumbo a China 2019, algo que era un objetivo a cumplir, debido a que algunos jugadores que eran habitualmente integrante de selecciones ya no iban a estar más.

Una de las promociones más importantes fue la de Juan Ignacio Ducasse, un alero de talla internacional y que llegó para ocupar un lugar que parecía difícil de sustituir como el del Pica Aguiar, que vistió la camiseta de Uruguay durante 15 años siempre con buenos rendimientos y que abrió la interrogante de ¿quién iba a ocupar ese puesto de alero cuando ya no estuviera?

Juani, que viajó a Estados Unidos a terminar su etapa de formación, demostró estar apto para tomar la responsabilidad, debiendo todavía transitar un camino donde deberá continuar con su desarrollo, pero teniendo las condiciones necesarias para ser el 3 Celeste durante mucho tiempo.

La palabra recambio generacional siempre supone un montón de interrogantes y en algunos casos, viene acompañado de algunos resultados adversos que suelen desestabilizar, cosa que en este proceso no ha sucedido.

Signorelli se encargó de mantener algunas piezas que fueron el eje, como Esteban Batista, insustituible y en plena vigencia, el capitán Bruno Fitipaldo, ejemplo tanto dentro como fuera de la cancha y algunos hombres que ya venían participando de procesos de selección como Luciano Parodi y Mathías Calfani, que más allá de su juventud ya contaban con experiencia.

Esa mixtura pudo plasmarse de buena manera, en un objetivo trazado que sin lugar a dudas se ha cumplido y con creses hasta el momento.

Creando identidad

La identidad es otra palabra en la que hizo mucho hincapié el Jefe de selecciones a la hora de asumir, siendo dos aspectos fundamentales para este objetivo: volver a jugar en casa de manera oficial luego de 14 años y la creación del CEFUBB.

El CEFUBB ha significado un paso adelante dentro del trabajo de selecciones nacionales. Desde la mayor, pasando por las juveniles y el femenino, disfrutaron de un lugar donde poder entrenar, teniendo las comodidades necesarias que requiere toda selección y comenzando esa identificación con Uruguay desde los primeros momentos.

El Centro de Entrenamiento, que fuera inaugurado el 28 de diciembre del 2016, va de la mano con el compromiso de algunos referentes, que vieron como algunas condiciones básicas se cumplían y le daban un marco muy distinto a la preparación, sin tener que andar deambulando por algunos clubes, en algunos casos con carencias muy marcadas, como había sucedido años anteriores.

A su vez, el hecho de haber sido locatarios, hizo que el público se arrime a apoyar a la selección, logrando engancharse en varios momentos, volviendo a tener una química que en algunos casos se había perdido por el hecho de no poder disfrutarla en nuestro país desde hacía mucho tiempo, otro punto positivo para este objetivo planteado desde la génesis del proceso.

Retorno esperado

La vuelta de Jayson Granger a la selección es un punto sin dudas muy positivo en este 2017, un jugador que demostró pasar por un momento excepcional y que se metió en el público de manera espectacular, a influjo de demostrar ser el mejor jugador uruguayo en la actualidad.

La participación de Granger en la AmeriCup significó un cambio en la forma de ver a este jugador de prácticamente todo el público, que se había mostrado muy crítico por algunas ausencias, pero el jugador del Bakonia logró dejar boquiabiertos a muchos, metiéndose a la gente en el bolsillo en base a muy buenos rendimientos.

El nivel europeo mostrado por Granger en las últimas temporadas, lo volcó en la selección uruguaya, logrando amalgamarse a la perfección con Esteban Batista, entendiéndose como si fueran compañeros de toda la vida, al igual que sucedió con Bruno Fitipaldo, ocupando cada uno el rol necesario.

El conflicto entre FIBA y Euroliga impidió poder disfrutarlo en la primera ventana eliminatoria, pero seguramente esta presencia de Granger con la camiseta de Uruguay, haya abierto una nueva etapa para el jugador, que ojalá podamos volver a disfrutarlo, un lujo que nos dimos todos los uruguayos este año.




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